El
objetivo marcado por esta jornada es armonizar los
recientes descubrimientos científicos sobre
las diferencias cerebrales entre los sexos con los
modelos educativos y pedagógicos de nuestras
escuelas. En ella, investigadores y científicos
de reconocido prestigio internacional pondrán
a disposición del mundo escolar los secretos
acerca del funcionamiento de los cerebros masculino
y femenino, con el objetivo prioritario de dar un
paso más en el logro de la verdadera igualdad
entre hombre y mujer: la que atienda a las diferencias,
justamente para erradicar en lo posible la exclusión
o las marginaciones y lograr así una igualdad
de oportunidades real. En palabras de Alberto Ferrús
(subdirector del Instituto de neurobiología
Ramón y Cajal del CSIC) “existen diferencias
y tienen consecuencias en los comportamientos de
hombres y mujeres. Por ello si se quiere conseguir
que la sociedad sea igualitaria, no se debe tratar
igual a quienes son diferentes”.
Es innegable que niños y niñas, hombres y mujeres, son
iguales en derechos y deberes, en dignidad y humanidad. Ambos pueden
y deben alcanzar las mismas metas y objetivos en su desarrollo personal
y profesional. Sin embargo, recientes investigaciones neurológicas
demuestran que, siendo también iguales en promedio de inteligencia,
son muy diferentes en ritmos cognitivos, maduración, socialización,
afectividad y, en definitiva, en la forma de aprender. Hoy, gracias
a la evidencia acumulada durante décadas en laboratorios independientes,
la idea de que las diferencias son exclusivamente de origen cultural
es demasiado simplista y resulta anticuada.
Se puede afirmar que se ha logrado una igualdad formal entre hombres
y mujeres -reflejada principalmente en nuestro Texto Constitucional,
en su art. 14.-, tras siglos de esfuerzo en esa dirección.
Sin embargo, la realidad nos muestra cómo la igualdad material
no ha sido plenamente alcanzada. En todo este proceso, la educación
ha jugado un papel determinante.
Nos aproximamos al año 2010, fecha en la que los Estados miembros
de la Unión Europea, según se acordó en la Estrategia
de Lisboa, deberán ver reducidas sus cifras de fracaso escolar
a un 10%. La cercanía temporal de este objetivo debería
servirnos de acicate en la búsqueda y aplicación práctica
de nuevas experiencias docentes que nos ayuden a superar la crisis
educativa en la que nos hallamos inmersos. La solución quizás
pase por el reconocimiento de las diferencias en el aprendizaje entre
niños y niñas. El reconocimiento de que niños
y niñas, hombres y mujeres son iguales…pero diferentes.